lunes, 28 de diciembre de 2015

Capítulo 15 del Viaje a Egipto: La fábrica de papiro

En cada una de las grandes ciudades de Egipto que visitamos (Lúxor, Asuán y Cairo), el viaje organizado tiene preparada para nosotros una excursión especial, especialmente preparada para sacarnos los cuartos, a sabiendas de que casi todo el mundo cae gustoso en la trampa obligada pensando...¡para una vez que vengo a Egipto! En Lúxor fueron las esencias, en El Cairo serán las joyas y en Asuán tocan los papiros. De todas estas excursiones, es esta última la más interesante, porque nos hacen una demostración de cómo se fabrican las hojas de papiro. Aprovechamos este momento para investigar un poco más (gracias como siempre a algunas búsquedas sencillas por internet) sobre esta planta y el proceso de su elaboración, que sirvió como base física para que la Humanidad diera uno de los pasos más importantes de su historia: el desarrollo de la escritura.

A partir del IV milenio a.C., egipcios y sumerios, éstos en Mesopotamia, desarrollaron las primeras escrituras de la historia, que exigían contar con un medio útil, seguro y duradero para conservar y transmitir sus mensajes. Los sumerios lo encontraron en las tablillas de arcilla, y los egipcios inventaron el papiro, un producto de manufactura mucho más sofisticada, pero más práctico y versátil que la arcilla, el marfil, la corteza vegetal o el cuero. Por sus múltiples cualidades, se trata del mejor soporte para la escritura hasta la invención del papel tres mil años más tarde, hacia el 105 d.C., en China.
Comienza la explicación.
Entre las muchas riquezas que producía el país del Nilo, había una planta, el Cyperus papyrus, con cuya fibra se fabricaban, ya en épocas predinásticas (3500 a.C.), múltiples objetos de uso cotidiano, tales como esteras, cortinas, calzado, cuerdas, cestos o pequeñas embarcaciones. 
Estanque situado frente al Museo del Cairo. En segundo término, rodeados por nenúfares, una pequeña muestra de papiros.
Al mismo tiempo, la escritura jeroglífica, imprescindible para las actividades administrativas, religiosas y creativas de aquella sociedad tan tempranamente organizada, encontraba el soporte apropiado en el rollo de papiro, considerado por muchos autores el primer "libro" de la historia. La forma cursiva (simplificada) de la escritura jeroglífica, denominada hierática, apareció en los albores del Imperio Antiguo (3200 a.C.) para su uso sobre papiro, y la escritura jeroglífica se reservó para su uso monumental sobre piedra.
Fotos tomadas durante la explicación sobre la manufactura de los papiros a partir de la planta.
Ésta es la planta del papiro. Es una planta ciperácea, que florece en verano. Solía crecer en las orillas del Nilo y especialmente en el delta, en tiempos faraónicos. Era la planta del Bajo Egipto. En la actualidad sólo la podemos encontrar en estado silvestre en Etiopia y Sudán. Su extinción en Egipto se podría haber debido a la extrema explotación que sufrió.
En un momento dado de la explicación, el empleado de la casa de los papiros se remite a una magnífica copia del Juicio de Osiris en el papiro de Hunefer, cuyo original reproducimos a continuación. Lo que podríamos denominar un antepasado del Juicio Final de los cristianos. No hay nada nuevo bajo el Sol.

Proceso de fabricación del rollo de papiro
El término "papiro" procede del griego y significa "el faraónico", ya que su fabricación y venta constituían un monopolio real. La fabricación del papiro tenía que hacerse en un lugar cercano al pantano ya que debía de estar fresco para poder cortarse.
 
  • Para la confección de las hojas de papiro, de toda la planta sólo se aprovechaba el tallo o tronco de la planta, de 3 a 6 metros de altura.
  • Primero se quitaba la corteza verde (1), que no se desechaba pues su dureza (como la del bambú) y su flexibilidad (como la de la tela) la hacían óptima para fabricar muchas otras cosas (sombreros, zapatillas, sandalias, cestas...).
  • La médula del tronco se corta en láminas finas. Unos pequeños golpes a cada lámina para extraer el exceso de agua y posteriormente se dejaban secar al sol.
  • Si se quería modificar el color, se dejaba reposar unos 6-12 días en agua. A mayor número de días, más oscuro el color.
  • Después, estas tiras se contraplacaban para formar así el rollo (2). Primero una capa verticales y a continuación, se añadían capas horizontales sobre esta primera capa sin dejarla secar, ya que el jugo que desprendía el papiro permitía unirlas.
  • Inicialmente se escribía en la dirección marcada por las fibras.
  • Para dar la apariencia de hoja, y unir muy bien todas las capas, se golpeaba el trenzado con una maza (3), dejándolo reposar durante varios días bajo un peso que lo prensaba.
  • Después, se alisaba con una piedra para darle un tacto más fino (4). Los bordes se recortaban para lograr una buena presentación. La lámina resultante era flexible y resistente, inodora e impermeable. 
  • Luego se unían las hojas con una pasta, formando rollos. El enrollado era horizontal. Las capas horizontales debían quedar en el interior (recto) del rollo, y las capas verticales en el exterior (verso). Según las necesidades del texto se pegaban las láminas entre sí cabalgando unos centímetros unas sobre otras; la técnica empleada era tan perfecta que cuesta detectar las juntas. 

    Su presencia en el Antiguo Egipto hizo que entrara en el ámbito del arte. Su utilización más popular era la elaboración, en forma de hojas, para la escritura. Los escribas utilizaban las hojas de papiro enroscadas formando rollos para anotar todos los escritos. Aprovechaban la parte donde las hojas quedaban en horizontal, evitando así que el papiro se rompiera (se escribía en la dirección marcada por las fibras). El papiro era muy manejable y podía contener en muy poco espacio mucha información y era fácil de transportar.


    Nuestros papiros y su certificado de autenticidad
    Cómo no rendirse por tanto a la magia del viaje y, como buen turista, traerse de vuelta algún papiro de recuerdo. Nosotros, guiados por el olfato artístico de mi acompañante y las limitaciones propias del presupuesto, escogimos estos dos ejemplares que reproducimos a continuación:
    "La Caza entre papiros es un motivo conocido desde el Imperio Antiguo. Se puede interpretar como escena realista o como un simbolismo. La caza de aves era un medio para la adquisición de alimentos y un pasatiempo de las clases altas, pero sin duda también tenía un fuerte contenido simbólico: el papiro es considerado el lugar mítico de la fecundidad, regeneración y erotismo asociado a la diosa Hathor. La caza en sí misma también es un símbolo de la victoria del orden mundial divino sobre las caóticas fuerzas amenazantes". 
    Tutankamón y su esposa Ankesenamón.
    La planta del papiro se emparenta con las plantas del plátano y de la caña de azúcar, pero a diferencia de ella, el tallo de estas plantas no contiene gelatina (azúcar) natural. Existen muchas falsificaciones realizadas con estas otras plantas, en las que se debe utilizar resinas o colas artificiales para pegar las fibras. Ésto hace que el resultado sea muy poco duradero: unas dos semanas. 
    Por el contrario, el papiro auténtico, al estar formado por el "pegamento" natural, puede durar milenios (si la humedad y los insectos los respetan). No huele a productos artificiales y no cambia de color con el tiempo ya que la gelatina natural absorbe todos los colores. Aquí mostramos los certificados de garantía que dan fe de que los papiros que compramos fueron hechos con papiro auténtico.
    Los escribas
    El papiro era el principal medio de trabajo del escriba. Esta profesión, ligada sobre todo a la administración del Estado y a la clase sacerdotal, gozó desde siempre de un gran prestigio, como lo manifiestan los numerosos textos, pinturas y esculturas que la ensalzan. 
    El escriba sentado, también conocido como "El escriba sentado del Louvre", es una de las estatuas más representativas de la escultura del Imperio Antiguo de Egipto, y una de las más famosas y bien conservadas de toda la Civilización egipcia. Miles de años en la misma postura y no se le duermen las piernas.

    El equipo de trabajo del escriba, que suele aparecer colgado de su hombro, consta de una funda de cuero para los pinceles, una bolsita para las tintas en polvo (más tarde en pastilla), un recipiente para el agua y una paleta con dos cavidades para las tintas negra y roja. La tinta negra se fabricaba con una mezcla de cola y carbón; la roja, con cola y ocre. El tiempo ha demostrado la calidad de este producto. 
    .
    Mirada al horizonte con sus ojos de cuarzo blanco, ébano y cristal de roca. Con estos materiales, se da por sentado (nunca mejor dicho) que este escriba jamás tendrá que operarse de cataratas. Así ya pasen otros cuantos miles de años más. Además, para cataratas ya están las del Nilo.

    Junto al escriba aparecen a menudo todo tipo de contenedores para la protección de los papiros: jarras de cerámica, bolsas de cuero o cofres de madera, con el objeto de protegerlos de sus conocidos enemigos: el tiempo, la humedad y todas clase de insectos. Y es que, a diferencia de la tablilla de arcilla mesopotámica, cuya durabilidad ha permitido a la arqueología moderna descubrir archivos y bibliotecas muy completos, el papiro no ha sobrevivido al paso del tiempo, y sólo el azar ha permitido que una mínima parte de la ingente documentación creada en el antiguo Egipto haya llegado hasta nuestros días. La cultura helenística, introducida por Alejandro Magno, encontraría en el papiro el mejor medio para su proyección y difusión. Su mejor exponente sería, sin duda, la Biblioteca de Alejandría.

    "Concluida la limpieza, el juez hizo inventario del contenido de los archivos: papeles del catastro, del fisco, informes varios, denuncias, extractos de cuentas y pagos de salarios en grano, en cestos o en tejido, cartas con listas de personal... Sus competencias se extendían a los más variados terrenos. En el mayor de los armarios, el indispensable material del escriba; paletas vaciadas en su parte superior para recibir la tinta roja y la tinta negra, panes de tinta sólida, cubiletes, bolsas de pigmento en polvo, bolsas de pinceles, rascadores, gomas, trituradores de piedra, cordeles de lino, un caparazón de tortuga para proceder a las mezclas, un babuino de arcilla que evocaba a Thot, dueño de los jeroglíficos, fragmentos de calcáreo que servían de borrador, tablillas de arcilla, de calcáreo y de madera. El conjunto era de buena calidad. En un cofrecillo de acacia había un objeto precioso: un reloj de agua. El pequeño recipiente troncocónico estaba graduado, en su interior, de acuerdo con dos escalas distintas, de doce muescas; el agua fluía por un agujero en el fondo del reloj, y medía así las horas. Sin duda, el escribano consideraba necesario velar por el tiempo pasado en su lugar de trabajo. Se imponía una tarea. Pazair tomó un pincel de junco finamente cortado, mojó la punta en un cubilete lleno de agua y dejó caer una gota en la paleta que pensaba utilizar. Murmuró la plegaria que recitaban todos los escribas antes de escribir: «agua del tintero para tu ka, Imhotep»; así se veneraba al creador de la primera pirámide, arquitecto, médico, astrólogo y modelo de quienes practicaban los jeroglíficos".
    Fragmento de "La Piramide asesinada"
    Trilogía "El Juez de Egipto"
    Christian Jacq
    En el siguiente capítulo, un paseo en faluca por las cataratas del Nilo.
    Bibliografía:

    No hay comentarios: