lunes, 6 de mayo de 2013

El Reloj marca las horas

Ha sido una semana dura, aunque es verdad que las personas no se van del todo mientras nos acordemos de ellos. Por eso, por mi parte, nunca se marchará del todo el último gran hombre que me quedaba en la familia: mi tío. Ha dejado la vida como la vivió, el día del trabajo, con saber estar, entereza y dignidad, y por supuesto, rodeado de su familia. Muchas cosas son las que le debo. La que más: mi forma de ser, ya que para mí fue siempre uno de los espejos en los que mirarme en mi vida.

Mientras yo exista siempre estarás en Puerto Chico disfrazado de romano preparado para subirte a la batea. Siempre estaremos conversando al pie de los ficus del Hospital de Mora. No dejarás de trabajar en tu campito de Conil, con tu eterna gorra y tu camiseta de tirantes. No dejaré de escuchar en mis oídos el bolero del reloj saliendo de tu prodigiosa voz, y que curiosamente jamás llegué a escuchar. Seguirás contándome en secreto una nueva idea para la chirigota del año que viene (tranquilo que no se lo contaré a nadie). Prestaré atención  embobado cómo les enseñas a tus hombres dónde hay que hacer el piano, mientras ensayas con ellos en el antiguo taller de pintura.Volverás a decir en casa de abuela frente a la tele que todos los jugadores de la selección son unos "papafritas" antes de que le metan doce a Malta...y así con un largo etc. de recuerdos, mientras siento en la cara tus suaves cachetes de bienvenida con los que solías saludarme.

Y cada vez que pase por esa pequeña plazuela viñera que lleva el nombre de su tío, miraré al letrero para recordar que yo también llevo dentro de mí parte del apellido Macías, como un tercer apellido del que este "papafrita" tanto aprendió.