lunes, 17 de mayo de 2010

Los árboles centenarios

Hace ya más de dos décadas desde esa tarde en la que, siendo un enano, esperaba junto a mi tío al pie de los dos ficus gigantes, rebosantes de vida a pesar de su edad, mientras que a la abuela, siendo más joven que ellos, se apagaba poco a poco en el interior del añorado Hospital de Mora. "Estos árboles están aquí aprisionados por el cemento, sus raíces no pueden crecer libremente", me decía mi tío, resultando sus palabras en una sencilla pero eficaz metáfora de la libertad humana. Confinamiento igual a muerte. En ese momento, la desazón por el enclaustramiento de esos árboles se fundía con los malos momentos que vivíamos por la enfermedad de la abuela. Afortunadamente, esos dos colosos aún están llenos de vida y, aunque aún siguen algo constreñidos por el asfalto y sus raíces no pueden desperezarse a su antojo cada mañana, siguen al pie del cañón, creando su particular microclima que refresca las sofocantes tardes de verano. Un pequeño homenaje a la naturaleza para inaugurar la carpeta de "lugares especiales". Os dejo con dos obras de arte: una musical (poesía pura) y otra en forma de pintura (uno de los últimos cuadros de mi "Pintora Favorita", y que se titula "El abrazo de la plaza").
"Y si llega el día" (Las Estaciones, T. Tovar, 2004)
"El abrazo de la Plaza" (A. Salguero, 2010)